Día 30 de Abril del 2017

Mis antepasados creían que mi cielo sería gris. Algunos días lo es pero, por lo general, exhibe un tranquilo azul claro por las mañanas y una preciosa paleta de tonalidades cálidas al caer el sol. Por la noche es azabache, espolvoreado con pequeñas motas de color plateado. Es precioso. 

Pensaban que viajaríamos en coches voladores. Queda un tiempo para que eso se logre; quizás mucho, quizás poco, pero aún no ha ocurrido. 

Decían que nuestros hogares sólo serían rascacielos. En mi ciudad, al menos, hay humildes bloques de piso de poca altura. También tenemos casas. Yo vivo en una una muy bonita. Su fachada no es de un blanco impoluto, como ellos imaginaban. De hecho, no le vendría mal una mano de pintura, ahora que lo pienso. 

Tenemos parques, ríos, playas, cascadas, árboles, flores y animales. No nos parecemos nada a la idea que se habían formado de nosotros. No nos hemos cargado el mundo, todavía.

Aunque, siendo sincera, no me gusta vivir aquí. Sería genial no habitar en esta era. “A alguien tenia que tocarle, ¿no?”. Pero no es justo. Estamos atrapados. Es imposible salir de este sistema, de esta forma de vida, porque entonces te quedas solo. 

Nuestra vida no es cómoda. Tenemos robots que cocinan, persianas que se suben solas, e incluso libros sin papel. Pero no somos felices. Nuestros mayores nos riñen por ello, pues no comprenden que nuestras facilidades nos exasperen hasta tal punto. Ellos vivieron las guerras y la pobreza, ¿cómo podemos ser tan insolentes?

Pero nuestro mundo, tan “feliz y futurista” como algunos lo vendían, va demasiado rápido. Estamos saturados de información, necesitamos descansar. Todo es posible. Puedes hablar con quien quieras. Puedes hacer lo que quieras. Puedes ser guapa y perfecta. Tienes que serlo. Tienes que hablar con todo el mundo. Tienes que conseguir todo lo que te propongas. Todo es posible. Todo se conoce. Queremos que todo se conozca. 

No tienes pausas para tomar aire.

Nuestro cielo aún no ha cambiado. Pocos se darán cuenta cuando ocurra; sólo miramos hacia abajo. 

Sara.

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Inspirado por: Black Mirror.

Carta de Amor a Un Muerto

Querido Nick Drake:

Me da apuro escribirte a ti porque no escucho tus canciones. Bueno, sólo una y tampoco es que me encante. Se llama Time of No Reply. Creo que la descubrí gracias a una película, pero no te prometo nada.

Me da la sensación de que te he elegido porque tu voz en esa canción es relajada; me hace recordar justo lo que describes, el fin del verano y la venida de un tiempo frío y más melancólico. Aunque parece que a ti no te gusta demasiado. De hecho, pintas con la música una escena otoñal, un suelo anaranjado repleto de hojas y el cielo añil y frío. Escucho tu canción cada vez que quiero viajar a un lugar como ese. Es especial. Pienso que cuando la escribías cerraste tu cuerpo al mundo exterior y abriste tu alma al completo; la escuchaste. ¿Te resultó fácil?

Cuando yo lo intento me siento confusa y débil. En este tiempo no está bien visto ser débil. Los niños con enfermedades le dicen a las cámaras que luchan todos los días y que son felices a pesar de todo. ¿Es eso sano? A veces me gustaría escucharles llorar para no sentirme culpable por estar triste. Hay tantos ejemplos de cómo ser un ganador y tan pocos de cómo rendirse.

No nos enseñan a llorar ni a escribir canciones como la tuya, donde se acaba el verano y vuelve un tiempo silencioso.

Con cariño,

Sara.

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“Time goes by from year to year
And no one asks why I am standing here”

Inspirado por: Cartas de Amor a los Muertos, de Ava Delaira.

Para Alguien.

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Estoy pensando en ti pero a la vez no. Es decir, tengo en mi cabeza tu imagen y te escribo pensando en ella, pero no tiene por qué corresponder con la realidad. Así que puede que seas tú el verdadero destinatario y no saberlo. Resulta curioso.

Desde pequeña he imaginado nuestra historia de amor como las de las princesas de cuento. No como las originales de los Hermanos Grimm, por supuesto. Esas ni son bonitas ni tienen sentido. Me refiero a las que tratan de un príncipe que se juega su vida para salvar a su princesa. Aunque en la mayoría de casos no la conocen personalmente; se lanzan a la aventura por alzar su honor. Tú no seas así, ¿vale? Quiero que me rescates porque quieres y porque me quieres, no porque sea tu deber. Hoy en día no se lleva mucho este estereotipo, así que el nuestro será un relato original y único. Me encanta imaginarlo así.

Tenía ganas de escribirte hoy, no sólo por lo bonito que me resulta. También porque es un día destinado a que todas las chicas de todos los lugares del mundo se permitan soñar con su propio cuento de hadas. ¿Acaso no nos lo merecemos?

Sara.

Nota para una Sara del futuro (quizás divorciada o, simplemente, recién acabada una relación): Si te sientes mal te dejo que leas esto y te rías de mí por ser tan ilusa. De verdad, sin presiones.

No sé por qué lo digo en voz alta.

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Ponderemos.

¿Pedir que te tragan la comida china a casa? Muy cómodo, pero luego vas a tener que lavar los platos de todos modos. ¿Asistir al concierto de Taylor Swift (cuando le dé la gana de hacer otro disco)? Alucinante, pero están todas esas niñas gritonas y lloronas esperando en la misma cola que tú. ¿Ver Pekin Express en directo? Perfecto, pero trágate tú el Volvemos en siete minutos. Señora actriz de doblaje, por mucho que su voz sea dulce y bonita me va a seguir molestando lo que dices.

Se trata de imaginarse una balanza con los pros y los contras. Aunque muchas veces no es cuestión de decidir sino que, queriendo o sin querer se abre una caja de Pandora y ya no hay vuelta atrás.
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Pondré un ejemplo por si no me he explicado del todo bien. Me gusta mucho leer. Mucho. Muchísimo. Tanto que podría vivir sólo leyendo libros, durmiendo y comiendo. Acabaría como una loca por cuestiones obvias, pero obviemos eso. El caso es que disfruto mucho leyendo, ¿vale? Pero comenzó a ocurrirme algo muy curioso cuando comencé a escribir también. Ahora, al leer, no soy capaz de no analizar los diálogos, la profundidad de los personajes o las implicaciones metafóricas de algunas escenas. No es necesariamente malo, pero cambia la experiencia. Es como si sabes cocinar y estás viendo MasterChef, ¿me entienes? A mí no me ocurre cuando lo veo, pero imagino que puedes hacer críticas con sentido. No como yo, que suelo hacer una valoración contraria a los jueces.

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Conclusión: no presentarme nunca a un concurso de cocina. Que no, estoy de broma. La verdadera, honesta y humilde conclusión que saco de todo esto que acabo de escribir es que tampoco he dicho nada del otro mundo. Al principio he pensado que sí pero, según he ido escribiendo, me he dado cuenta de que probablemente le pase a casi todo el mundo con las películas, series y libros. Quizás se diferencie en lo profesional que suena uno al realizar la crítica.

En fin. Esta ha sido mi reflexión de esta mañana. Espero que te haya gustado. No tengo mucho más que contar.

Bueno, sí, pero son tonterías.

Esto no es perfecto.

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Me gusta que las cosas salgan perfectas. Disfruto cuando todo sale sobre ruedas, cuando no hay obstáculos, ni problemas. Me siento muy tranquila al ver que el resultado es justamente el esperado o aún mejor, si es posible.

En mi mundo ideal, toda la ropa del mundo estaría perfetamente ordenada en pilas según las gamas de colores, tipos de prenda y materiales, incluso en rebajas. Las baldosas de la calle no tendrían manchas grises y circulares que antes fueron chicles, ni salpicarían agua cuando las pisas tras un día de lluvia. Los letreros de todas las tiendas serían de un corte sencillo y vintageno de esos cutres e industriales que rezan Aluminios Manolo en la fuente Comic Sans. Habría muchas más papelería, repletas de bolígrafos, cuadernos y rotuladores de colores perfectamente colocados en sus respectivos mostradores. Todo orden. Todo limpieza.

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Te doy la razón si piensas que tengo mente de psicópata, porque yo lo pensaría si no me conociese desde hace tanto tiempo. Tranquilo, no te voy a guardar rencor ni nada parecido; lo haré sólo si descubriese que eres de esos que dicen mal los imperativos. Ahí sí que tendríamos un problema gordo.

Lo peor de perseguir esta utopía es que nunca te deja descansar. Siempre hay algo que podría haber quedado mejor. Y ahora me lo tomo a broma porque se está dando el caso, pero lo cierto es que las personas que tendemos al perfeccionismo solemos fastidiarnos a nosotros mismos casi todo.

Recuerdo cuando hace unos años  mis padres me dejaron al fin (cito textualemente) perforarme la oreja de manera irreversible; que sepas que eso seguirá cuando seas vieja. Acabé con tres pendientes en la izquierda, como siempre había querido. Estaba muy contenta con el resultado porque, por fin, había conseguido quitarme el miedo que me daba hacerlo. El problema llegó cuando me miré al espejo y comprobé, pobre de mí, que entre ellos no había la misma distancia. Entonces me entró el pánico.

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Sí. Lo sé: first world problems y todo eso.

Resulta ridículo, y lo reconozco. De hecho, es adonde quería llegar: es irrisorio. Te comes la cabeza por una cosa tan absurda como esa, en vez de alegrarte por haber superado un miedo o por haber hecho algo sin la aprobación de los demás.

Desde luego, el perfeccionismo busca resultados perfectos. No obstante, la construcción del término perfecto que hacemos algunos (concretamente, yo) es bastante tóxica. Quizás es que hay que encontrar una definición más, no sé… ¿perfecta?

Sara.

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Por qué me ENCANTA el cine

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Me he dado cuenta de que muchas veces es mejor no declarar públicamente las cosas muy a la ligera. Sobre todo porque luego puedes arrepentirte, y eso que dijiste en el pasado siempre estará ahí. De todos modos, doy las gracias por haber hablado de cine y no de política o religión, porque siempre hay listillos que se creen que lo saben todo, tratando de dar lecciones de moralidad a los demás. Y no me apetece tragarme discursos políticamente correctos. No me apetece nada.

Hace unos meses, escribí una entrada llamada Por qué no me gusta el cine. Te puedes imaginar más o menos de qué iba, ¿verdad? El caso es que recibió opiniones muy distintas, del tipo Madre mía, no conocía a nadie así ¡Por fin alguien que me entiende! En fin. Fue bonito mientras duró.

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Pero ahora, en cierto sentido, me arrepiento de haber dado esa opinión de este arte. Es decir, la parte negativa de mi balance sobre el cine sigue intacta. Lo que ha cambiado sustancialmente ha sido la positiva. Antes sólo utilizaba sabía considerar a una película como entretenidaaburrida. Sin embargo, a lo largo de estos meses, he hallado un inmenso mundo de criterios para realizar mi crítica personal. Y he de reconocer, con toda la humildad que puedo, que ese mundo es apasionante.

He descubierto todo el trabajo que esconde la elaboración de un largometraje. Conmovedoras bandas sonoras originales reproducidas por una gran orquesta, magnificando tus sentimientos a lo largo de la película. El increíble vestuario, que dota de una ambientación asombrosa a todos los personajes, siendo capaz de hacernos creer que de verdad son habitantes de otro planeta o guerreros de la antigua Roma. Los actores, que consiguen controlar cada suspiro, cada silencio, cada sílaba, metamorfoseándose en seres que nunca han existido pero que desearíamos que existieran. Y por último yo, espectadora, que tengo el privilegio de asombrarme en cada película (bueno, quizás sólo en algunas) con la creatividad del ser humano.

Siento haber sido tan crítica, cine. Lo siento mucho.

Sara.

PD: Estas son algunas de las culpables de mi conversión…

Animales fantásticos y dónde encontrarlos

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Eddie Redmayne, el mundo de Harry Potter, ambientación londinense del siglo pasado, criaturas monísimas… No hace falta dar una explicación más detallada.

Malditos Bastardos

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Después de un año, al fin terminé de ver esta película. Mi conclusión al verla: ya tengo una película buena y antigua que puedo decirle a la gente que me gusta sin que sea de postureo. Tienes que verla aunque sea por el final. Menudo final. Es explosivo.

Yo, él y Raquel

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Vi esta película TRES veces en una semana. Partiendo de la base de que he dejado un enorme porcentaje de largometrajes sin acabar, te puedes hacer a la idea de lo mucho que me gustó este.

PD: Por supuesto, si tienes alguna recomendación para que mi gusto por el cine siga in crescendo, no dudes en compartirla.

Niña

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¿Esperando una entrada sobre la Women’s March? Mmm… no. Estoy muy a favor de que se reivindiquen los derechos de la mujer, pero me temo que tampoco tengo una opinión muy diferente que el resto. Es otro el mensaje que quiero mandar. Está dirigido a guardias de seguridad, cajeras de los supermercados, recepcionistas de la consulta del médico… Un largo listado de individuos distintos con una característica, una horrible característica en común: todos ellos me han llamado niña.

No me importaba cuando era una pequeña de diez años con zapatillas de deporte rosas y una alta cola de caballo con un pompón. Lo entendía, ¡era una niña! ¿Cómo iba a molestarme eso? El problema viene cuando han pasado los años y la muletilla sigue ahí: Niña, no se puede comer dentro de la biblioteca; Pase a la sala de espera, señor, usted va después de esa niña. Niña. Niña. Niña. Uf. No puedo. Sí, vale, probablemente no lo dicen con mala idea. Sin embargo, suena mal. Muy mal. Lo siento, pero es algo que no va a poder cambiarse nunca.

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Además, no pueden confundirme de esa manera. No es justo que tenga que ir yo sola al médico porque ya soy una adulta y que la señora de la recepción me trate como si tuviese once años. ¿En qué quedamos? Porque a mí me lo tienen que aclarar. No pueden liarme tanto, y menos teniendo en cuenta que tengo el Síndrome de Peter Pan crónico. No me hace mucha gracia la idea de crecer, y ser cada vez más responsable de las consecuencias de las cosas, y tener que ir yo sola a meter el dinero en el banco, y echar la matrícula de la universidad en verano, y tener que estudiar en Navidad, y hacer la compra, y volverme sola a casa cuando salgo… Madre mía, me estoy agobiando mucho, ¿verdad? Es que son demasiadas cosas, todas ellas para sentirme acorde a mi edad. Y ocurren muy rápido.

Así que, si estás leyendo esto y te das por aludido sólo te pido una cosa: no me llames niña. Porque me está costando mucho dejar de serlo.

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