Todo Todo, de Nicola Yoon

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Imagina que eres una chica burbuja, de esas que no pueden salir de casa porque son alérgicas al mundo (en el sentido más literal de la expresión). Imagínatelo por un momento. Piensa en el estilo de vida que llevarías, en la concepción de la realidad que tendrías. Difícil, ¿verdad? Es por eso que me sorprendí al leer la sinopsis de este libro. La Nicola Yoon esta tiene que estar muy loca, de verdad. Yo no sé si habría sido capaz de embarcarme en este proyecto. 

Busqué reseñas sobre el libro y todas lo ponían por las nubes. Mala cosa, porque te crea altas expectativas. No obstante, me llamó tanto que me decidí a comprarlo.

Maddy, la protagonista, no ha salido de casa desde hace 17 años. Su única compañía es la de su madre y su enfermera (que es más salada que el mar, te lo prometo). Esto implica que Maddy no es muy consciente de lo que significan hábitos tan corrientes como ir al colegio, tener amigos o salir a dar un paseo. Lo sé, muy fuerte. Ella se crea una imagen aproximada del exterior gracias a los libros que lee, que no son pocos. Además, a la chica le gustan los clásicos tipo Orgullo y prejuicio o El señor de las moscas, no cualquier novela fácil y romanticona de las que me leo yo.

A mí la estampa se me hizo muy triste, sobre todo en las primeras páginas,   donde la joven narra cómo su mayor diversión a lo largo del día es jugar a un juego inventado con su madre. Curiosamente, ella parece tener muy aceptada la enfermedad que le ha tocado. Aprovecha la vida que tiene, es optimista, estudia, se cultiva mediante la lectura y demás. Sólo hay una cosa que podría trastocar su micromundo: que alguien se mudase a la casa de al lado. Como os he dicho antes, esta autora está muy loca, así que dijo: ¿Por qué no pongo a un chico guapísimo de ojos azules como el océano para tocarle un poco las narices a la pobre Maddy? Por supuesto, no creo que este fuese el razonamiento de Nicola Yoon, pero sí que es verdad que fue un poco cruel creando a Olly.

Porque Olly se las trae.

No sólo tiene el típico aspecto idílico de chaval de literatura juvenil, sino que además tiene una personalidad embaucadora. Es simpático, tiene sentido del humor y mucho ingenio al hablar. A mí me encantó, te habrás dado cuenta ya. Sobre todo porque me resultó creíble. Está claro que se preocupaba por Maddy, por supuesto, pero no hasta llegar al ser el manido pagafantas al que en ocasiones acostumbra este género.

Cuando Maddy conoce a Olly, toda su vida cambia; él es el exterior, él es el único mordisco que puede darle al fruto prohibido. Cada vez que entabla conversación con él, por mucho que sea vía ordenador, es como si se hiciese un pequeño agujero en su burbuja. Conocerlo significa agarrar un poco de su ansiada realidad, y todos sabemos que, como diría su enfermera, cuando a un joven le das la mano te coge el brazo.

El resto de personajes también merecen la pena, todos tienen una pequeña historia detrás, ninguno está puesto porque sí. La verdad es que a mí me da la sensación de que la historia se podría haber alargado más, ya que los personajes principales dan mucho más de sí. Al menos, eso fue lo que sentí al terminarlo. Ahora que hablamos del final, te digo que no te lo esperas. Yo lo dejo ahí.
No quiero ahondar mucho en la historia porque creo que la magia de este libro reside en ir descubriendo las pequeñas sorpresas que contiene. Maddy tiene una forma de ver la vida única, te animo a descubrirla.

Sara.

 

 

 

 

 

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