Revolución vintage.

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Lo tontos que debían de haber sido los habitantes de Troya para no darse cuenta de lo del caballo. Ya sé que es una especie de delito literario hablar de manera tan vana y superficial de una de las obras más importantes de la Historia, pero tampoco creo que nadie vaya cambiar su opinión sobre la Ilíada por mi culpa. Dicho esto, ¿de verdad nadie sospechaba? Si  Trump le regala una casita en la playa a Hillary Clinton en caso de ganar ella, lo primero que pensaríamos no sería “Oh, qué generoso por su parte. ¡El amor mueve el mundo!“. Eso lo sabe cualquiera.

Con relación a esto, estuve pensando en la típica frase de profesor “La Historia tiende a repetirse” y se me ocurrió algo curioso. Luego recordé que hay otra cita famosa que dice “Si aprendemos de la Historia evitaremos repetir los errores del pasado” y mi cabeza se hizo un poco de lío por la contradicción. Así que decidí ignorar esto último; mejor decirme a mí misma que hay más razones por las que se tropieza tantas veces en la misma piedra. A veces me da la sensación que en nuestra sociedad somos todos unas viejecitas de pueblo a las que les gusta poner verde a todo el mundo y quejarnos de lo mal que va todo por culpa de los demás.

A lo que iba, mi reflexión sobre la primera frase me llevó a vestir mi mente de detective y encontrar cuál es nuestro caballo de Troya (teniendo en cuenta que la Ilíada no tiene demasiadas probabilidades de haber existido de verdad) en la actualidad. No me hizo falta mirar más allá de mi escritorio para descubrirlo, porque allí estaban las velas perfumadas, iluminando de manera tenue la estancia. Sí, porque de una manera u otra, estos sencillos elementos de ornamentación han colonizado nuestros hogares sin darnos cuenta siquiera. Son tan delicadas y bonitas que nos han embaucado con la facilidad de un bebé que consigue que nos pongamos a hacer el tonto sólo para hacerle sonreír.

Cabría preguntarse entonces: ¿cuál es el propósito de las velitas de decoración? Personalmente, me gusta imaginar que son unas románticas, en el sentido más puro de la palabra; que intentan que volvamos a tiempos pasados, que nos alejemos un poco de la iluminación artificial que nos proporcionan las lámparas de bombilla y nos dejemos arropar por una dulce y vibrante llama. Básicamente, mandar un mensaje subliminal de manera metafórica. Y, en cierto sentido, lo han conseguido. Puede que ellas no hayan sido la causa directa de este repentino amor que tiene nuestra generación por la estética vintage, pero lo que está claro es que han contribuido ampliamente a que perpetúe en el tiempo.

En conclusión, he decidido brindarle mis más sinceras disculpas a Paris y compañía, pues mis contemporáneos y yo hemos acogido a nuestro propio caballo de Troya en casa, y encima nos gastamos dinero en ello. Eso sí, la revolución que plantean las velas es más una revelación artística que otra cosa. Así que, por el momento, el único fuego que nos invadirá será una suave llama aromatizada que, no se nos olvide, podemos apagar con leve soplido. Siempre es bueno saberlo.

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Time of no reply, de Nick Drake

 

Sara.

 

Pd: La canción que he dejado al final es la que me acompañó mientras escribía esto. Suelo ponerlas de título de la entrada para “agradecerles” que me hayan inspirado, pero esta vez no tenía demasiado sentido. Es muy bonita, de todos modos, así que te recomiendo escucharla.

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