He aquí la cuestión…

Realmente, no sé en qué situaciones hay que intervenir. A veces he visto a alguien en apuros y me he quedado mirando desde la distancia, como un estúpido pasmarote. Mi cerebro no ha parado de debatirse entre el ayudo/no ayudo. Es raro. Porque si no haces nada te sientes como una mala persona, como alguien demasiado vergonzoso o inútil para prestar auxilio. Pero si prestas ayuda puedes molestar a quien está mal, y específicamente es esa persona quien te interesa que se encuentre mejor, ¿no?

A mí me ha pasado muchas veces, que me ha dado una bajada de tensión y me he tenido que tumbar en el suelo. Entonces ha empezado a venir gente y más gente ofreciéndose a comprar una botella de agua. En serio, todo el mundo quiere darte agua cuando estás mal, y eso está genial porque es un placebo muy efectivo, y te hace sentir cuidado.

Lo que ocurre es que cuando una multitud se aglomera y no para de preguntar puedes sentirte agobiado, porque tú te estás muriendo y te ves obligado a decir «no, me encuentro mejor». Una leche. Te sientes fatal y sólo quieres cerrar los ojos y desaparecer.

Se me había ocurrido escribir sobre esto porque el otro día me encontré ante una situación así y me sentí súper mala persona porque no hice nada al respecto para no molestar. Luego llegué a casa y pensé «joder, Sara, eres una incompetente».

Y, no sé, quizás lo soy. Pero no pasa nada. O sea, ahora no quiero que nadie se encuentre en la misma disyuntiva de si ayudarme o no.

Sara.

   Fuente imagen: yourfriendzz.tumblr.com

3 comentarios sobre “He aquí la cuestión…

  1. Hola, Sara. En octubre me dio un bajón de azúcar entrenando en el gimnasio y, aunque sé que no era el primero ni el último al que le sucedería, puesto que hacía tiempo que no entrenaba, me sentí la persona más ridícula del mundo. Afortunadamente, aquel día iba con un amigo y me sujetó para que no me desmayara, ayudándome a bajar las escaleras hasta llegar a los vestuarios, donde el resto de compañeros que se estaban duchando, al ver que me había quedado más blanco que la nieve, no dejaba de temblar y no podía respirar, empezaron a manifestar sus conocimientos sobre primeros auxilios. Y por una parte me sentía bien, porque querían ayudarme, pero por otra, su atención incrementaba la vergüenza que estaba experimentando, poniéndome más nervioso todavía, por no hablar de la incomodidad de estar rodeado de hombres desnudos con los temarios al aire.

    Son situaciones complejas, como bien has manifestado. Pero creo que para tomar una decisión, no tienes que pensar en esa persona, sino en lo que te gustaría que hicieran por ti si te encontraras en esa situación. Y en mi caso, si no hubiera tenido a mi amigo conmigo, habría agradecido que alguien me sujetase para que no me desplomara en medio de la sala, montando un numerito mucho mayor 😀

    Un abrazo.

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    1. Lo primero de todo: muchisimas gracias por escribir un comentario tan largo! jjajajaj es una tontería, pero hace mucha ilusión cuando escribo algo y alguien dedica unos minutos a comentar.
      Lo segundo: gracias, me has hecho reflexionar sobre una perspectiva que creo que es, sobre todo, práctica. Tienes razón, no comerse la cabeza es casi siempre la mejor solución. El problema es que en muchas ocasiones se antoja más importante el «qué dirán» que lo todo lo demás.
      Un saludo 🙂

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