Compartir mierdas es sororidad de la buena

Bastante debería tener con mi propia cabeza como para encima buscar más nubes negras.

Pero la intuición no me separa de ellas. Me fío mucho de mis sensaciones, de lo que me transmite mi corazón unas milésimas antes de tomar una decisión. Y como está muy conectado con mi instinto de supervivencia suelo hacerle caso cuando no sé qué hacer.

Como decía, dejo que los nubarrones se acerquen a mí. Incluso me coloco debajo de ellos y permito que precipiten sobre mi cabello.

Salgo empapada, y cuando estoy tratando de quitarme el vestido que tengo pegado al cuerpo, me pregunto por qué sigo sometiéndome a esto una y otra vez.

Las conozco desde hace años, y sé de buena fe que no son solo nubes, sino también cielos amplios y llenos de colores. Unos son morados, cariñosos y valientes. Otros son de un verde relajante y sereno, pero llenos de pasión. Los nocturnos también son mis favoritos, porque me permiten contar estrellas que han permanecido colgando toda mi vida.

Hay nubes con las que no me importa empaparme sin parar.

Espero a que pare de llover…

Y luego contemplo la magia de un firmamento que se ha mostrado vulnerable.

Sara.

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