Sobre nudos, nudos y nudos

¿Por qué haces tantos nudos? ¿Te crees especial o algo? ¿Piensas que nadie más los hace? Nos enseñan cuando somos pequeños. Así podemos hacer lazos para adornarnos el pelo y atarnos los zapatos.

Me enfada mucho que ahora te hayas puesto a hablar de ello como si hubieses descubierto América… Me siento traicionada porque cuando éramos pequeñas te dije que tenía muchas ganas de enseñarle a todo el mundo lo bien que se me daba hacer nudos, pero que quería reservarme mi talento para cuando fuese más mayor.

Cuando eres chico todos se esperan que estés en proceso de aprender a hacer nudos; algunos te salen fatal y otros perfectos, pero ambos resultados se atribuyen a tu edad. Por eso prefería esperar. Nadie se esperaría que aún estaría tan entretenida haciendo nudos. Es cosa de niños.

Entonces apareces tú, quien, por cierto, parecía que siempre había odiado hacer nudos, y te pones a hacer un montón de nudos, uno detrás de otro. Pero, quiero decirte algo: todo el mundo sabe hacer nudos, todos los están haciendo nudos y  todos están hablando de hacer nudos. Hay nudos por todas partes. Ya nadie sabe exactamente qué es hacer un nudo.

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Queridas lágrimas…

Ayer no me dio tiempo a decíroslo: me alegro mucho de habernos visto. Os echaba muchísimo de menos y no me había dado ni cuenta. Sólo sentía que me faltaba algo, que tenía una especie de cosquilleo en el pecho que, paradójicamente, no me invitaba a reír sino a llorar.

En un principio no os esperaba por aquí. ¿Qué os animó a venir un día tan apropiado? Estaba concentrada viendo una película cuando llamasteis a mi puerta sin avisar. Comenzasteis a contarme historias que resultaban tan conmovedoras… ¿Por qué? En ellas había recuerdos agridulces pero divertidos, nostálgicos. Me disteis la mano cuando empecé a mover una pierna nerviosa porque no sabía muy bien cómo reaccionar. Estaba muy confundida.

Me hicisteis llorar. No sé si de alegría o de tristeza. Era como una mezcla de ambas pero que se inclinaba más a la alegría. Creo que porque el hecho de estar triste me alegraba. ¿Tiene eso sentido?

Mientras sosteníais mis manos me hallaba en paz porque sabía lo que me ocurría: tenía las mejillas empapadas y los ojos hinchados. Me faltaba la respiración en ocasiones. Tenía el pelo enredado. La pierna seguía temblando.

Cuando os marchasteis me miré al espejo porque es algo que suelo hacer cuando os vais. Me veía guapa.

Sara.

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Carta de… ¿Odio?

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Estimado Señor Calor:

Me caes mal. Lo siento si te he ofendido, pero alguien tenía que decírtelo ya. Quizás no eras consciente de ello, pero hay muchísima gente que te odia y no se sinceran porque no quieren que te sientas apenado. La ignorancia es la felicidad, ¿no?

Tampoco te creas ahora que para mí está siendo un buen trago; me estoy jugando tu afecto, y reconozco lo poderoso que eres. De hecho, siendo un poco inteligente, no me merece demasiado la pena ser la portavoz. Pierdo más de lo que gano, está claro que no me vas a hacer caso.

A estas alturas, ¿me puedes recordar por qué sigo con esto? Me estoy dando cuenta a medida que escribo de que es una estupidez. Si no hay nadie que me anime a continuar, no lo haré.

Aunque, entre tú y yo, me siento cómoda hablando contigo porque ya te he dicho lo que pienso de ti. He sido más honesta contigo que con muchos conocidos. No puede ir a peor. ¿Nunca te ha ocurrido que alguien te ha contado que te tiene que presentar a un amigo suyo que es genial y que te va a caer de miedo y luego lo conoces y es pesadísimo? Es más o menos lo que me pasa cuando pienso en ti todos los años.

Es una pena porque ese tipo de gente suele ser simpática, y seguro que a alguien le interesa que le cuenten cómo se pasa el hilo dental sin que le sangren las encías. Pero no a mí, ¿entiendes?

Además, ¿cómo se lo dices? No es tan fácil como contigo, Calor, porque tú no eres más que un personaje que ha creado mi cabeza para desahogarme. Eres real, por supuesto, pero no eres alguien a quien realmente pueda escribirle cartas. Ojalá lo fueras, sería una pasada hablar con alguien que conoce a todo el mundo menos a la gente del Polo Norte, Rusia y Canadá.

Me está dando rabia porque me estás empezado a caer bien, así que voy a despedirme.

Adiós.

Sara.

PD: Te odio y hay mucha más gente que te odia. No lo olvides.

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Día 30 de Abril del 2017

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Mis antepasados creían que mi cielo sería gris. Algunos días lo es pero, por lo general, exhibe un tranquilo azul claro por las mañanas y una preciosa paleta de tonalidades cálidas al caer el sol. Por la noche es azabache, espolvoreado con pequeñas motas de color plateado. Es precioso. 

Pensaban que viajaríamos en coches voladores. Queda un tiempo para que eso se logre; quizás mucho, quizás poco, pero aún no ha ocurrido. 

Decían que nuestros hogares sólo serían rascacielos. En mi ciudad, al menos, hay humildes bloques de piso de poca altura. También tenemos casas. Yo vivo en una una muy bonita. Su fachada no es de un blanco impoluto, como ellos imaginaban. De hecho, no le vendría mal una mano de pintura, ahora que lo pienso. 

Tenemos parques, ríos, playas, cascadas, árboles, flores y animales. No nos parecemos nada a la idea que se habían formado de nosotros. No nos hemos cargado el mundo, todavía.

Aunque, siendo sincera, no me gusta vivir aquí. Sería genial no habitar en esta era. “A alguien tenia que tocarle, ¿no?”. Pero no es justo. Estamos atrapados. Es imposible salir de este sistema, de esta forma de vida, porque entonces te quedas solo. 

Nuestra vida no es cómoda. Tenemos robots que cocinan, persianas que se suben solas, e incluso libros sin papel. Pero no somos felices. Nuestros mayores nos riñen por ello, pues no comprenden que nuestras facilidades nos exasperen hasta tal punto. Ellos vivieron las guerras y la pobreza, ¿cómo podemos ser tan insolentes?

Pero nuestro mundo, tan “feliz y futurista” como algunos lo vendían, va demasiado rápido. Estamos saturados de información, necesitamos descansar. Todo es posible. Puedes hablar con quien quieras. Puedes hacer lo que quieras. Puedes ser guapa y perfecta. Tienes que serlo. Tienes que hablar con todo el mundo. Tienes que conseguir todo lo que te propongas. Todo es posible. Todo se conoce. Queremos que todo se conozca. 

No tienes pausas para tomar aire.

Nuestro cielo aún no ha cambiado. Pocos se darán cuenta cuando ocurra; sólo miramos hacia abajo. 

Sara.

Inspirado por: Black Mirror.

Carta de Amor a Un Muerto

Querido Nick Drake:

Me da apuro escribirte a ti porque no escucho tus canciones. Bueno, sólo una y tampoco es que me encante. Se llama Time of No Reply. Creo que la descubrí gracias a una película, pero no te prometo nada.

Me da la sensación de que te he elegido porque tu voz en esa canción es relajada; me hace recordar justo lo que describes, el fin del verano y la venida de un tiempo frío y más melancólico. Aunque parece que a ti no te gusta demasiado. De hecho, pintas con la música una escena otoñal, un suelo anaranjado repleto de hojas y el cielo añil y frío. Escucho tu canción cada vez que quiero viajar a un lugar como ese. Es especial. Pienso que cuando la escribías cerraste tu cuerpo al mundo exterior y abriste tu alma al completo; la escuchaste. ¿Te resultó fácil?

Cuando yo lo intento me siento confusa y débil. En este tiempo no está bien visto ser débil. Los niños con enfermedades le dicen a las cámaras que luchan todos los días y que son felices a pesar de todo. ¿Es eso sano? A veces me gustaría escucharles llorar para no sentirme culpable por estar triste. Hay tantos ejemplos de cómo ser un ganador y tan pocos de cómo rendirse.

No nos enseñan a llorar ni a escribir canciones como la tuya, donde se acaba el verano y vuelve un tiempo silencioso.

Con cariño,

Sara.

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“Time goes by from year to year
And no one asks why I am standing here”

Inspirado por: Cartas de Amor a los Muertos, de Ava Delaira.

Para Alguien.

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Estoy pensando en ti pero a la vez no. Es decir, tengo en mi cabeza tu imagen y te escribo pensando en ella, pero no tiene por qué corresponder con la realidad. Así que puede que seas tú el verdadero destinatario y no saberlo. Resulta curioso.

Desde pequeña he imaginado nuestra historia de amor como las de las princesas de cuento. No como las originales de los Hermanos Grimm, por supuesto. Esas ni son bonitas ni tienen sentido. Me refiero a las que tratan de un príncipe que se juega su vida para salvar a su princesa. Aunque en la mayoría de casos no la conocen personalmente; se lanzan a la aventura por alzar su honor. Tú no seas así, ¿vale? Quiero que me rescates porque quieres y porque me quieres, no porque sea tu deber. Hoy en día no se lleva mucho este estereotipo, así que el nuestro será un relato original y único. Me encanta imaginarlo así.

Tenía ganas de escribirte hoy, no sólo por lo bonito que me resulta. También porque es un día destinado a que todas las chicas de todos los lugares del mundo se permitan soñar con su propio cuento de hadas. ¿Acaso no nos lo merecemos?

Sara.

Nota para una Sara del futuro (quizás divorciada o, simplemente, recién acabada una relación): Si te sientes mal te dejo que leas esto y te rías de mí por ser tan ilusa. De verdad, sin presiones.

No sé por qué lo digo en voz alta.

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Ponderemos.

¿Pedir que te tragan la comida china a casa? Muy cómodo, pero luego vas a tener que lavar los platos de todos modos. ¿Asistir al concierto de Taylor Swift (cuando le dé la gana de hacer otro disco)? Alucinante, pero están todas esas niñas gritonas y lloronas esperando en la misma cola que tú. ¿Ver Pekin Express en directo? Perfecto, pero trágate tú el Volvemos en siete minutos. Señora actriz de doblaje, por mucho que su voz sea dulce y bonita me va a seguir molestando lo que dices.

Se trata de imaginarse una balanza con los pros y los contras. Aunque muchas veces no es cuestión de decidir sino que, queriendo o sin querer se abre una caja de Pandora y ya no hay vuelta atrás.
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Pondré un ejemplo por si no me he explicado del todo bien. Me gusta mucho leer. Mucho. Muchísimo. Tanto que podría vivir sólo leyendo libros, durmiendo y comiendo. Acabaría como una loca por cuestiones obvias, pero obviemos eso. El caso es que disfruto mucho leyendo, ¿vale? Pero comenzó a ocurrirme algo muy curioso cuando comencé a escribir también. Ahora, al leer, no soy capaz de no analizar los diálogos, la profundidad de los personajes o las implicaciones metafóricas de algunas escenas. No es necesariamente malo, pero cambia la experiencia. Es como si sabes cocinar y estás viendo MasterChef, ¿me entienes? A mí no me ocurre cuando lo veo, pero imagino que puedes hacer críticas con sentido. No como yo, que suelo hacer una valoración contraria a los jueces.

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Conclusión: no presentarme nunca a un concurso de cocina. Que no, estoy de broma. La verdadera, honesta y humilde conclusión que saco de todo esto que acabo de escribir es que tampoco he dicho nada del otro mundo. Al principio he pensado que sí pero, según he ido escribiendo, me he dado cuenta de que probablemente le pase a casi todo el mundo con las películas, series y libros. Quizás se diferencie en lo profesional que suena uno al realizar la crítica.

En fin. Esta ha sido mi reflexión de esta mañana. Espero que te haya gustado. No tengo mucho más que contar.

Bueno, sí, pero son tonterías.