Niña

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¿Esperando una entrada sobre la Women’s March? Mmm… no. Estoy muy a favor de que se reivindiquen los derechos de la mujer, pero me temo que tampoco tengo una opinión muy diferente que el resto. Es otro el mensaje que quiero mandar. Está dirigido a guardias de seguridad, cajeras de los supermercados, recepcionistas de la consulta del médico… Un largo listado de individuos distintos con una característica, una horrible característica en común: todos ellos me han llamado niña.

No me importaba cuando era una pequeña de diez años con zapatillas de deporte rosas y una alta cola de caballo con un pompón. Lo entendía, ¡era una niña! ¿Cómo iba a molestarme eso? El problema viene cuando han pasado los años y la muletilla sigue ahí: Niña, no se puede comer dentro de la biblioteca; Pase a la sala de espera, señor, usted va después de esa niña. Niña. Niña. Niña. Uf. No puedo. Sí, vale, probablemente no lo dicen con mala idea. Sin embargo, suena mal. Muy mal. Lo siento, pero es algo que no va a poder cambiarse nunca.

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Además, no pueden confundirme de esa manera. No es justo que tenga que ir yo sola al médico porque ya soy una adulta y que la señora de la recepción me trate como si tuviese once años. ¿En qué quedamos? Porque a mí me lo tienen que aclarar. No pueden liarme tanto, y menos teniendo en cuenta que tengo el Síndrome de Peter Pan crónico. No me hace mucha gracia la idea de crecer, y ser cada vez más responsable de las consecuencias de las cosas, y tener que ir yo sola a meter el dinero en el banco, y echar la matrícula de la universidad en verano, y tener que estudiar en Navidad, y hacer la compra, y volverme sola a casa cuando salgo… Madre mía, me estoy agobiando mucho, ¿verdad? Es que son demasiadas cosas, todas ellas para sentirme acorde a mi edad. Y ocurren muy rápido.

Así que, si estás leyendo esto y te das por aludido sólo te pido una cosa: no me llames niña. Porque me está costando mucho dejar de serlo.

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Yo estuve aquí, de Gayle Forman

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No lo he hecho aposta. Lo prometo. De verdad que me gusta la Navidad como a la que más. Decoro mi habitación con adornos navideños, canto villancicos y veo vídeos en internet sobre gente feliz y altruista que ayuda a los más pobres. Incluso me trago las películas de los domingos tipo El milagro de Navidad en Nueva Jersey, sobre un empresario muy rico y muy avaro que descubre que el dinero no es tan importante. Aun así, me han salido mal los cálculos (mentira) y he acabado escribiendo una reseña sobre un libro triste. Lo siento mucho. La siguiente historia que tengo planeada reseñar es más cuqui, te lo aseguro. Continue reading “Yo estuve aquí, de Gayle Forman”

Una de las muchas entradas que leerás sobre el nuevo año.

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Existe algo que compartimos con los barcos, los aviones y las cámaras de fotos: el modo automático. Y bien sabe Dios que es un arma de doble filo. Está muy bien poder hacer fotos de galería sin tener la menor idea de cómo se utiliza una Canon o navegar por el amplio mar sin poner los dedos sobre el timón, pero nunca se debe olvidar que, en el momento en que se sueltan las manos del volante se pierde el control sobre la situación. Lo cual no es siempre bueno.

Imagina esa vez que llamaste mamá (o peor aún: abuela) a tu profesora de primaria sin querer; o cuando te sonrojas al escuchar el nombre de la personas que te gusta en secreto; o todas esas ocasiones en las que despiertas del monólogo interior de tu mente y te das cuenta de que un amigo tuyo te está contando la trepidante historia de cuando su padre perdió la cartera en el aeropuerto y toda la familia perdió el avión. Hay tantos ejemplos como situaciones.

Aunque sería muy quisquillosa si sólo hablase de lo malo. ¿Qué pasa con las canciones famosas de veranos pasados? El baile sale solo. ¿Y qué me dices de tu capacidad para manejar los controles del coche de manera inconsciente? Esto no es beneficioso en todos los casos, pero ya me entiendes. Depende de cómo lo mires. Personalmente, creo que nuestro piloto automático nos trae muchas cosas buenas. Sobre todo y, aunque parezca irónico, nos aporta espontaneidad. ¿No se te había ocurrido que la primera palabra que pronuncias todos los años es “feliz? No sonaría tan bien si lo forzaras.

Sara.

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Mis hijos no irán al parque

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Antes vivía en una preciosa avenida. Estaba surtida de altos árboles, terrazas que servían de oasis a quienes terminaban una larga jornada de trabajo y varias zonas cubiertas de hierba y arena donde los niños podían revolcarse y divertirse. Cuando era más pequeña, solía esconderme tras las cortinas del salón y espiaba a un grupo de chicos que jugaban al fútbol en uno de esos parques, justo debajo de mi casa. Había uno en concreto que me gustaba mucho, así que esperaba ansiosa a verlo para inventar una excusa y bajar a la tienda de al lado a comprar cualquier cosa que no necesitaba. Creía que si se fijaba en mí, se enamoraría al instante. Como si sólo con desearlo fuera posible. Continue reading “Mis hijos no irán al parque”

Mis dulces y queridos Beatles…/Beatles Book Tag

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Se ha dicho de todo sobre vosotros: que si revolucionasteis el panorama musical, que si vuestras letras no tienen del todo sentido, que si no sois para tanto, que si sí sois para mucho, que si parecéis una pandilla de cuatro Howards Hollowitz…  Continue reading “Mis dulces y queridos Beatles…/Beatles Book Tag”

Por qué es importante llevar pantalones

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Porque si no vas desnudo y tienes frío. Soy una graciosa, ¿eh? La máquina de la risa.

Bromas aparte; creo que es muy importante llevar pantalones. Esencial. Sobre todo si eres mujer. Sabes la que se ha liado para que las chicas podamos llevarlos, ¿verdad? Porque antiguamente una damisela se los ponía y la miraban con cara rara. Qué demonios, ni se planteaban llevarlos. Era algo de hombres. No había más que hablar. Continue reading “Por qué es importante llevar pantalones”

Violet y Finch, de Jennifer Niven

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Pfff. He bufado unas mil mientras leia este libro. Algunas veces por aburrimiento, otras por sorpresa y otras por frases o escenas demasiado profundas emocionalmente para asimilarlas a la primera. El caso es que me hizo sentir muchas emociones distintas, y por eso me apetecía hablar hoy de él. Continue reading “Violet y Finch, de Jennifer Niven”