Los vecinos pesados.

Han venido esta tarde a mi casa a tomar el café.

Casi nunca les abro la puerta. No me dan pena, ¿eh? Son un grupo de agonías. Y sus hijos gritan, lloran y corretean.

No me hagáis que hable más de ellos, por favor. Quedemos en que son unos vecinos ruidosos.

Hace unos años me empezó a dar muchísima vergüenza que los viesen conmigo. Los vecinos de mi barrio son súper refinados. Por aquel entonces, se me metió en la cabeza que también quería ser una chica sofisticada.

Y me daba mucho miedo que pensasen que era inferior.

Los pesados se dieron cuenta de que les ignoraba y cada vez eran más insistentes en llamar mi atención. Un día incluso se pusieron a tirar piedras a las ventanas de mi casa. Meses y meses de obras hicieron falta para arreglar los desastres que provocaban cada semana.

Total, que no me preguntéis por qué, pero últimamente los invito a merendar. Prefiero que vengan de vez en cuando y que me dejen en paz el resto del tiempo.

Nada más entran por la puerta de mi casa pongo los ojos en blanco, diciéndome a mi misma «¿Es que eres tonta?». 

Me caen mal, es cierto. Pero me avisan cuando ponen el mercadillo del barrio de al lado. Si digo que no me apetece ir, empiezan a insistir una y otra vez «¡vente, vente, vente! ¡Luego te vas a arrepentir!». 

Saben lo mucho que me gusta ese mercadillo.

Ellos se vienen conmigo (por supuesto), y eso me molesta hasta límites insospechados. Aunque es verdad sin ellos nunca iría.

Poco a poco aprenderé a quererlos.

 

Sara.

Hola (después de cinco mil años)

Llevo tantísimo tiempo sin publicar… Supongo que porque pienso que nadie me va a leer. Y luego porque pienso que hay gente que me va a leer.

Parece ser que no quiero ni una cosa ni la otra, así que termino por no escribir.

Creo que es miedo a que mis pensamientos queden «publicados», y que todo el mundo tenga el derecho a verlos y comentar. Aunque tampoco es que tenga tanto tráfico en el blog. La entrada que más se lee es una reseña de un libro random que por lo visto tienen que leer todos en el instituto🤷‍.

¿Pasa algo por poner emoticonos? Es como traicionar a la escritura, ¿verdad?

Lo cierto es que los emoticonos enriquecen el texto, pero es un atajo para no tener que currártelo tanto.

Yo no podría vivir sin emoticonos. O sin memes. Son un vehículo de expresión con un matiz cómico, que llenan mis conversaciones de felicidad. Tanto es así, que a veces estoy hablando con alguien (en persona) y se me viene a la cabeza el sticker que adjuntaría a mi frase. Es muy curioso cómo evoluciona el lenguaje…

Mi profesora de Psicopatología del Desarrollo nos habló de que la gente con dificultades en el habla utiliza una especie de emoticonos que están estandarizados, y hay una aplicación que los dice en voz alta, así que pueden comunicarse con imágenes.

Este es mi pensamiento de hoy.

Ha tenido un estilo muy de escritura automática, con muchas cursivasalgunos anglicismos. Espero que sirva para romper con la monotonía que a veces acompaña al verano.

Un saludo.

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Sara.

 

Intento de valentía

Últimamente paso mucho tiempo abajo. Y hago muchos nudos. Nudos de todos los colores. Cuando consigo soltar un lazo rosa lo dejo aletear con libertad. Al observar cómo se ondea me asombro por su belleza. Pero crea formas que no conozco; proyecta sombras más grandes que yo. Torno la vista de nuevo a mis nudos.

Tantos colores me recuerdan a un campo de flores. Que es bonito, pero irreal. 

Sara.

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Fuente: weheartit.com

Bailar durante la tormenta (2)

Lunes, 17 de septiembre de 2018, 0:14

Hoy ha acabado siendo un día guay.

Estoy alternando mi mirada entre la pantalla de mi móvil y las estrellas.

Me he tumbado a ver el cielo, aunque apenas se aprecian las estrellas.

Me entra la risa floja. No tengo sueño.

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Bailar durante la tormenta

Domingo, 16 de Septiembre de 2018, 16:41

Acurrucada en mi cama, abrazo a un cerdito de peluche.

Prácticamente no entra luz por la ventana porque he bajado las persianas.

Es aún temprano y deseo que fuesen más de las siete.

Cuando anochece comienza mi día.

No estoy cansada cuando he de dormir.

Los auriculares me susurran canciones de folk británico que hablan de mis sentimientos.

Cierro los ojos y trato de no imaginar. Entonces es cuando sueño sin pensarlo.

Mis pensamientos nadan libremente por mi cabeza y me encuentro a mí misma recordando escenas cotidianas.

Me choco de bruces con mi tranquilidad escondida.

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Fuente: giphy.com

El viernes. A las palomitas invito yo.

Voy a intentar juntar dos acontecimientos que en un principio no tienen nada que ver.

El primero es que hoy he ido al cine. El segundo es sobre una cena en la que elegí mal el sitio donde sentarme (por un chico que me gustaba). 

Si no sale pues no pasa nada, pero lo quería intentar como mínimo.

Mientras veía la película me han entrado ganas de escribir sobre lo mucho que el cine significa para mí ahora. Incluso después de haber declarado públicamente que lo odiaba. Me encanta que huela a palomitas caras y me hace feliz ir con mis amigos. Me gusta tener las entradas compradas con antelación, pero no pensarme mucho la película o el día. 

Es raro. 

Digo mucho la expresión «es raro«. No tiene la mayor importancia.

Han sido unos meses ajetreados. La longitud del verano se ha reducido durante los dos últimos años. He ido aquí y allá, sin pensármelo. Como cuando compro las entradas del cine. Aunque me deje un riñón por un largometraje que no dura ni dos horas. 

Siguiendo con la metáfora, este verano he comprado muchas entradas y he visto muchas películas. Algunas me han gustado y otras me han resultado dañinas. Yo las he elegido. Voluntariamente me he expuesto a ellas. Cuando han terminado he compartido una reseña con mis mejores confidentes. Ellos también han compartidos sus anécdotas del cine conmigo. 

He aprendido mucho. Siempre aprendo de todo. A veces cosas erróneas (que luego me sirven para aprender otras cosas). Aprendo y aprendo, y descubro historias y los demás descubren las mías. 

Al final no he conseguido juntar las dos anécdotas. 

Lo dejaré para otro día. Prometido.

Sara

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Fuente: giphy.com

 

Pd: Quería dedicarle esta entrada a un compañero escritor (El Aguijón Escarlata), que tuvo un detalle precioso conmigo hace unas semanas. Lo que he escrito no tiene que ver con él, pero estoy orgullosa porque es algo genuino y sé que él sabe valorar ese tipo de cosas.

Pos-imposible

No planeaba madrugar, pero el sol me ha despertado mirándome a los ojos. No fijamente, sino escondido tras las nubes.

Creía que no me apetecía leer. Sin apenas pensarlo, he continuado leyendo una historia que comencé hace una semana. Me he sentido inspirada porque la protagonista hacía atletismo tras un largo periodo de abandono. No percibo que esté traicionando al papel por descubrir relatos en formato digital

Ya no pretendía hacer ejercicio y he salido a dar un paseo. Llevaba camiseta de tirantes y he sentido las caricias de viento que soplaba sobre mis brazos.

Mientras desayunaba veía dibujos animados con diálogos ingeniosos.

Se trata de un buen día. Y solamente son las once de la mañana.

Como dijo un sabio una vez: «Todo y nada es pos-imposible» (que quizás no es la frase más apropiada, pero sí la más buena).

Sara.

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Fuente imagen: giphy.com

Metáfora típica

Navego a través del mar embravecido. Esquivo los rayos, me protejo de la lluvia.

Mi destino es aún lejano. Sollozo, me lamento, maldigo al temporal por no acompañarme. Ahogada por mis propias lágrimas me pierdo en un largo sueño. Dejo a las olas mecer al barco.

Tengo pesadillas en las que pierdo todo lo que me queda. Sueño que estoy sola y que ha sido todo por mi culpa.

Despierto asustada, pero bendigo mi suerte. Le agradezco al cielo que no me ataque con castigos más mayores de los que puedo soportar.

Orgullosa, vislumbro el horizonte. El camino que me queda por delante es por sí mismo un regalo.

Sara.

Fuente imagen: f-u-g-i-t-i-v-o.tumblr.com

Para Ella

No eres mala persona por sufrir. Tomas decisiones absurdas y es una auténtica desgracia para ti cuando te equivocas.

Crees que no hay nada más horrible que sentirte sola. Está bien. Pero estás sola. En tu interior solo estás tú. Tus pensamientos, tus deseos, tus miedos. Tú y nadie más. No pueden introducirse en tu conciencia para que consigas sentirte mejor. No es posible que sufran por ti.

Ahora está dentro, ¿no es asi? Lo sientes recorriendo tus venas. No puedes escapar. Estás asustada.

Experimenta el miedo. Venga, ánimo. No hace falta que combatas nada. Déjalo estar. Son solo pensamientos. Solo sentimientos. Solo tristeza. No eres tú. Tú no eres esas cosas. Eres Ella. No te identifiques con lo que no te deja vivir.

Sara.

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Fuente: daintysoull.tumblr.com/

Primavera

A veces me da vergüenza ser sincera porque no quiero que piensen mal de mí. Me dan miedo los pensamientos que afloran en mi cabeza sin parar; tengo pánico a que comience en mi mente una primavera llena de rosas espinadas por lamentos del pasado y margaritas indecisas con pétalos infinitos (sí, no, sí, no…).
Aunque, al fin y al cabo, los pensamientos son solo flores. Las estaciones se pasan y las rosas y las margaritas se marchitan. O se arrancan.

Yo las recojo y formo con ellas ramos preciosos.

Sara.

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Fuente imagen: giphy.com