Carta de… ¿Odio?

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Estimado Señor Calor:

Me caes mal. Lo siento si te he ofendido, pero alguien tenía que decírtelo ya. Quizás no eras consciente de ello, pero hay muchísima gente que te odia y no se sinceran porque no quieren que te sientas apenado. La ignorancia es la felicidad, ¿no?

Tampoco te creas ahora que para mí está siendo un buen trago; me estoy jugando tu afecto, y reconozco lo poderoso que eres. De hecho, siendo un poco inteligente, no me merece demasiado la pena ser la portavoz. Pierdo más de lo que gano, está claro que no me vas a hacer caso.

A estas alturas, ¿me puedes recordar por qué sigo con esto? Me estoy dando cuenta a medida que escribo de que es una estupidez. Si no hay nadie que me anime a continuar, no lo haré.

Aunque, entre tú y yo, me siento cómoda hablando contigo porque ya te he dicho lo que pienso de ti. He sido más honesta contigo que con muchos conocidos. No puede ir a peor. ¿Nunca te ha ocurrido que alguien te ha contado que te tiene que presentar a un amigo suyo que es genial y que te va a caer de miedo y luego lo conoces y es pesadísimo? Es más o menos lo que me pasa cuando pienso en ti todos los años.

Es una pena porque ese tipo de gente suele ser simpática, y seguro que a alguien le interesa que le cuenten cómo se pasa el hilo dental sin que le sangren las encías. Pero no a mí, ¿entiendes?

Además, ¿cómo se lo dices? No es tan fácil como contigo, Calor, porque tú no eres más que un personaje que ha creado mi cabeza para desahogarme. Eres real, por supuesto, pero no eres alguien a quien realmente pueda escribirle cartas. Ojalá lo fueras, sería una pasada hablar con alguien que conoce a todo el mundo menos a la gente del Polo Norte, Rusia y Canadá.

Me está dando rabia porque me estás empezado a caer bien, así que voy a despedirme.

Adiós.

Sara.

PD: Te odio y hay mucha más gente que te odia. No lo olvides.

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No sé por qué lo digo en voz alta.

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Ponderemos.

¿Pedir que te tragan la comida china a casa? Muy cómodo, pero luego vas a tener que lavar los platos de todos modos. ¿Asistir al concierto de Taylor Swift (cuando le dé la gana de hacer otro disco)? Alucinante, pero están todas esas niñas gritonas y lloronas esperando en la misma cola que tú. ¿Ver Pekin Express en directo? Perfecto, pero trágate tú el Volvemos en siete minutos. Señora actriz de doblaje, por mucho que su voz sea dulce y bonita me va a seguir molestando lo que dices.

Se trata de imaginarse una balanza con los pros y los contras. Aunque muchas veces no es cuestión de decidir sino que, queriendo o sin querer se abre una caja de Pandora y ya no hay vuelta atrás.
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Pondré un ejemplo por si no me he explicado del todo bien. Me gusta mucho leer. Mucho. Muchísimo. Tanto que podría vivir sólo leyendo libros, durmiendo y comiendo. Acabaría como una loca por cuestiones obvias, pero obviemos eso. El caso es que disfruto mucho leyendo, ¿vale? Pero comenzó a ocurrirme algo muy curioso cuando comencé a escribir también. Ahora, al leer, no soy capaz de no analizar los diálogos, la profundidad de los personajes o las implicaciones metafóricas de algunas escenas. No es necesariamente malo, pero cambia la experiencia. Es como si sabes cocinar y estás viendo MasterChef, ¿me entienes? A mí no me ocurre cuando lo veo, pero imagino que puedes hacer críticas con sentido. No como yo, que suelo hacer una valoración contraria a los jueces.

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Conclusión: no presentarme nunca a un concurso de cocina. Que no, estoy de broma. La verdadera, honesta y humilde conclusión que saco de todo esto que acabo de escribir es que tampoco he dicho nada del otro mundo. Al principio he pensado que sí pero, según he ido escribiendo, me he dado cuenta de que probablemente le pase a casi todo el mundo con las películas, series y libros. Quizás se diferencie en lo profesional que suena uno al realizar la crítica.

En fin. Esta ha sido mi reflexión de esta mañana. Espero que te haya gustado. No tengo mucho más que contar.

Bueno, sí, pero son tonterías.