Queridas lágrimas…

Ayer no me dio tiempo a decíroslo: me alegro mucho de habernos visto. Os echaba muchísimo de menos y no me había dado ni cuenta. Sólo sentía que me faltaba algo, que tenía una especie de cosquilleo en el pecho que, paradójicamente, no me invitaba a reír sino a llorar.

En un principio no os esperaba por aquí. ¿Qué os animó a venir un día tan apropiado? Estaba concentrada viendo una película cuando llamasteis a mi puerta sin avisar. Comenzasteis a contarme historias que resultaban tan conmovedoras… ¿Por qué? En ellas había recuerdos agridulces pero divertidos, nostálgicos. Me disteis la mano cuando empecé a mover una pierna nerviosa porque no sabía muy bien cómo reaccionar. Estaba muy confundida.

Me hicisteis llorar. No sé si de alegría o de tristeza. Era como una mezcla de ambas pero que se inclinaba más a la alegría. Creo que porque el hecho de estar triste me alegraba. ¿Tiene eso sentido?

Mientras sosteníais mis manos me hallaba en paz porque sabía lo que me ocurría: tenía las mejillas empapadas y los ojos hinchados. Me faltaba la respiración en ocasiones. Tenía el pelo enredado. La pierna seguía temblando.

Cuando os marchasteis me miré al espejo porque es algo que suelo hacer cuando os vais. Me veía guapa.

Sara.

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Día 30 de Abril del 2017

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Mis antepasados creían que mi cielo sería gris. Algunos días lo es pero, por lo general, exhibe un tranquilo azul claro por las mañanas y una preciosa paleta de tonalidades cálidas al caer el sol. Por la noche es azabache, espolvoreado con pequeñas motas de color plateado. Es precioso. 

Pensaban que viajaríamos en coches voladores. Queda un tiempo para que eso se logre; quizás mucho, quizás poco, pero aún no ha ocurrido. 

Decían que nuestros hogares sólo serían rascacielos. En mi ciudad, al menos, hay humildes bloques de piso de poca altura. También tenemos casas. Yo vivo en una una muy bonita. Su fachada no es de un blanco impoluto, como ellos imaginaban. De hecho, no le vendría mal una mano de pintura, ahora que lo pienso. 

Tenemos parques, ríos, playas, cascadas, árboles, flores y animales. No nos parecemos nada a la idea que se habían formado de nosotros. No nos hemos cargado el mundo, todavía.

Aunque, siendo sincera, no me gusta vivir aquí. Sería genial no habitar en esta era. “A alguien tenia que tocarle, ¿no?”. Pero no es justo. Estamos atrapados. Es imposible salir de este sistema, de esta forma de vida, porque entonces te quedas solo. 

Nuestra vida no es cómoda. Tenemos robots que cocinan, persianas que se suben solas, e incluso libros sin papel. Pero no somos felices. Nuestros mayores nos riñen por ello, pues no comprenden que nuestras facilidades nos exasperen hasta tal punto. Ellos vivieron las guerras y la pobreza, ¿cómo podemos ser tan insolentes?

Pero nuestro mundo, tan “feliz y futurista” como algunos lo vendían, va demasiado rápido. Estamos saturados de información, necesitamos descansar. Todo es posible. Puedes hablar con quien quieras. Puedes hacer lo que quieras. Puedes ser guapa y perfecta. Tienes que serlo. Tienes que hablar con todo el mundo. Tienes que conseguir todo lo que te propongas. Todo es posible. Todo se conoce. Queremos que todo se conozca. 

No tienes pausas para tomar aire.

Nuestro cielo aún no ha cambiado. Pocos se darán cuenta cuando ocurra; sólo miramos hacia abajo. 

Sara.

Inspirado por: Black Mirror.

Carta de Amor a Un Muerto

Querido Nick Drake:

Me da apuro escribirte a ti porque no escucho tus canciones. Bueno, sólo una y tampoco es que me encante. Se llama Time of No Reply. Creo que la descubrí gracias a una película, pero no te prometo nada.

Me da la sensación de que te he elegido porque tu voz en esa canción es relajada; me hace recordar justo lo que describes, el fin del verano y la venida de un tiempo frío y más melancólico. Aunque parece que a ti no te gusta demasiado. De hecho, pintas con la música una escena otoñal, un suelo anaranjado repleto de hojas y el cielo añil y frío. Escucho tu canción cada vez que quiero viajar a un lugar como ese. Es especial. Pienso que cuando la escribías cerraste tu cuerpo al mundo exterior y abriste tu alma al completo; la escuchaste. ¿Te resultó fácil?

Cuando yo lo intento me siento confusa y débil. En este tiempo no está bien visto ser débil. Los niños con enfermedades le dicen a las cámaras que luchan todos los días y que son felices a pesar de todo. ¿Es eso sano? A veces me gustaría escucharles llorar para no sentirme culpable por estar triste. Hay tantos ejemplos de cómo ser un ganador y tan pocos de cómo rendirse.

No nos enseñan a llorar ni a escribir canciones como la tuya, donde se acaba el verano y vuelve un tiempo silencioso.

Con cariño,

Sara.

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“Time goes by from year to year
And no one asks why I am standing here”

Inspirado por: Cartas de Amor a los Muertos, de Ava Delaira.

No sé por qué lo digo en voz alta.

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Ponderemos.

¿Pedir que te tragan la comida china a casa? Muy cómodo, pero luego vas a tener que lavar los platos de todos modos. ¿Asistir al concierto de Taylor Swift (cuando le dé la gana de hacer otro disco)? Alucinante, pero están todas esas niñas gritonas y lloronas esperando en la misma cola que tú. ¿Ver Pekin Express en directo? Perfecto, pero trágate tú el Volvemos en siete minutos. Señora actriz de doblaje, por mucho que su voz sea dulce y bonita me va a seguir molestando lo que dices.

Se trata de imaginarse una balanza con los pros y los contras. Aunque muchas veces no es cuestión de decidir sino que, queriendo o sin querer se abre una caja de Pandora y ya no hay vuelta atrás.
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Pondré un ejemplo por si no me he explicado del todo bien. Me gusta mucho leer. Mucho. Muchísimo. Tanto que podría vivir sólo leyendo libros, durmiendo y comiendo. Acabaría como una loca por cuestiones obvias, pero obviemos eso. El caso es que disfruto mucho leyendo, ¿vale? Pero comenzó a ocurrirme algo muy curioso cuando comencé a escribir también. Ahora, al leer, no soy capaz de no analizar los diálogos, la profundidad de los personajes o las implicaciones metafóricas de algunas escenas. No es necesariamente malo, pero cambia la experiencia. Es como si sabes cocinar y estás viendo MasterChef, ¿me entienes? A mí no me ocurre cuando lo veo, pero imagino que puedes hacer críticas con sentido. No como yo, que suelo hacer una valoración contraria a los jueces.

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Conclusión: no presentarme nunca a un concurso de cocina. Que no, estoy de broma. La verdadera, honesta y humilde conclusión que saco de todo esto que acabo de escribir es que tampoco he dicho nada del otro mundo. Al principio he pensado que sí pero, según he ido escribiendo, me he dado cuenta de que probablemente le pase a casi todo el mundo con las películas, series y libros. Quizás se diferencie en lo profesional que suena uno al realizar la crítica.

En fin. Esta ha sido mi reflexión de esta mañana. Espero que te haya gustado. No tengo mucho más que contar.

Bueno, sí, pero son tonterías.

Niña

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¿Esperando una entrada sobre la Women’s March? Mmm… no. Estoy muy a favor de que se reivindiquen los derechos de la mujer, pero me temo que tampoco tengo una opinión muy diferente que el resto. Es otro el mensaje que quiero mandar. Está dirigido a guardias de seguridad, cajeras de los supermercados, recepcionistas de la consulta del médico… Un largo listado de individuos distintos con una característica, una horrible característica en común: todos ellos me han llamado niña.

No me importaba cuando era una pequeña de diez años con zapatillas de deporte rosas y una alta cola de caballo con un pompón. Lo entendía, ¡era una niña! ¿Cómo iba a molestarme eso? El problema viene cuando han pasado los años y la muletilla sigue ahí: Niña, no se puede comer dentro de la biblioteca; Pase a la sala de espera, señor, usted va después de esa niña. Niña. Niña. Niña. Uf. No puedo. Sí, vale, probablemente no lo dicen con mala idea. Sin embargo, suena mal. Muy mal. Lo siento, pero es algo que no va a poder cambiarse nunca.

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Además, no pueden confundirme de esa manera. No es justo que tenga que ir yo sola al médico porque ya soy una adulta y que la señora de la recepción me trate como si tuviese once años. ¿En qué quedamos? Porque a mí me lo tienen que aclarar. No pueden liarme tanto, y menos teniendo en cuenta que tengo el Síndrome de Peter Pan crónico. No me hace mucha gracia la idea de crecer, y ser cada vez más responsable de las consecuencias de las cosas, y tener que ir yo sola a meter el dinero en el banco, y echar la matrícula de la universidad en verano, y tener que estudiar en Navidad, y hacer la compra, y volverme sola a casa cuando salgo… Madre mía, me estoy agobiando mucho, ¿verdad? Es que son demasiadas cosas, todas ellas para sentirme acorde a mi edad. Y ocurren muy rápido.

Así que, si estás leyendo esto y te das por aludido sólo te pido una cosa: no me llames niña. Porque me está costando mucho dejar de serlo.

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Una de las muchas entradas que leerás sobre el nuevo año.

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Existe algo que compartimos con los barcos, los aviones y las cámaras de fotos: el modo automático. Y bien sabe Dios que es un arma de doble filo. Está muy bien poder hacer fotos de galería sin tener la menor idea de cómo se utiliza una Canon o navegar por el amplio mar sin poner los dedos sobre el timón, pero nunca se debe olvidar que, en el momento en que se sueltan las manos del volante se pierde el control sobre la situación. Lo cual no es siempre bueno.

Imagina esa vez que llamaste mamá (o peor aún: abuela) a tu profesora de primaria sin querer; o cuando te sonrojas al escuchar el nombre de la personas que te gusta en secreto; o todas esas ocasiones en las que despiertas del monólogo interior de tu mente y te das cuenta de que un amigo tuyo te está contando la trepidante historia de cuando su padre perdió la cartera en el aeropuerto y toda la familia perdió el avión. Hay tantos ejemplos como situaciones.

Aunque sería muy quisquillosa si sólo hablase de lo malo. ¿Qué pasa con las canciones famosas de veranos pasados? El baile sale solo. ¿Y qué me dices de tu capacidad para manejar los controles del coche de manera inconsciente? Esto no es beneficioso en todos los casos, pero ya me entiendes. Depende de cómo lo mires. Personalmente, creo que nuestro piloto automático nos trae muchas cosas buenas. Sobre todo y, aunque parezca irónico, nos aporta espontaneidad. ¿No se te había ocurrido que la primera palabra que pronuncias todos los años es “feliz? No sonaría tan bien si lo forzaras.

Sara.

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Mis hijos no irán al parque

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Antes vivía en una preciosa avenida. Estaba surtida de altos árboles, terrazas que servían de oasis a quienes terminaban una larga jornada de trabajo y varias zonas cubiertas de hierba y arena donde los niños podían revolcarse y divertirse. Cuando era más pequeña, solía esconderme tras las cortinas del salón y espiaba a un grupo de chicos que jugaban al fútbol en uno de esos parques, justo debajo de mi casa. Había uno en concreto que me gustaba mucho, así que esperaba ansiosa a verlo para inventar una excusa y bajar a la tienda de al lado a comprar cualquier cosa que no necesitaba. Creía que si se fijaba en mí, se enamoraría al instante. Como si sólo con desearlo fuera posible. Continue reading “Mis hijos no irán al parque”