Campo de lavandas

Tengo muchísima suerte.

Mi padre y mi madre cocinan. Ambos limpian. Ambos son presumidos. Ambos trabajan. Son sensibles. Son cariñosos.

Mi hermano es la PERSONA más cursi que he llegado a conocer. Escribe poemas y canciones románticas. Y es dulce. Le gustaba ir a ver mis clases de ballet. No era ningún secreto y nadie se llevaba las manos a la cabeza.

Soy afortunada.

En algún momento tendré un trabajo. Quizás entonces viviré en primera persona el techo de cristal y me indignaré por las diferencias de sueldo.

Por ahora, simplemente doy las gracias por no tener muchas razones para quejarme.

Sara.

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Fuente imagen: lalgibi.tumblr.com

Sobre el cielo, que es fantástico

Creo que el Cielo tiene unos detalles preciosos. Si te paras a pensarlo, la lluvia son finas gotas con un aire delicado y salvaje al mismo tiempo. Bien podría habérsela inventado como el grueso chorro de una manguera, expulsando agua en un punto determinado.

¿Y su gama de colores? Se maquilla cuidadosamente por las mañanas con una paleta de acuarelas. A simple vista se aprecia su técnica.

Es mágico y misterioso. Y me encanta maravillarme con él, porque es un auténtico regalo.

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Fuente imagen: different-landscapes.tumblr.com

Sara.

 

El timo de Delfos

 

 Unas putas cadenas.

Se retuercen por todo tu cuerpo. Arañan tus costillas. Se enrollan alrededor de tus muñecas, cuello y tobillos.

El cielo se vuelve naranja oscuro y comienza a escupir rayos y truenos.

Putas. Putas. Putas. ¿Por qué lo dijiste, Sara?

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Fuente imagen:  vhspositive.tumblr.com

 

Sara.

He aquí la cuestión…

Realmente, no sé en qué situaciones hay que intervenir. A veces he visto a alguien en apuros y me he quedado mirando desde la distancia, como un estúpido pasmarote. Mi cerebro no ha parado de debatirse entre el ayudo/no ayudo. Es raro. Porque si no haces nada te sientes como una mala persona, como alguien demasiado vergonzoso o inútil para prestar auxilio. Pero si prestas ayuda puedes molestar a quien está mal, y específicamente es esa persona quien te interesa que se encuentre mejor, ¿no?

A mí me ha pasado muchas veces, que me ha dado una bajada de tensión y me he tenido que tumbar en el suelo. Entonces ha empezado a venir gente y más gente ofreciéndose a comprar una botella de agua. En serio, todo el mundo quiere darte agua cuando estás mal, y eso está genial porque es un placebo muy efectivo, y te hace sentir cuidado.

Lo que ocurre es que cuando una multitud se aglomera y no para de preguntar puedes sentirte agobiado, porque tú te estás muriendo y te ves obligado a decir «no, me encuentro mejor». Una leche. Te sientes fatal y sólo quieres cerrar los ojos y desaparecer.

Se me había ocurrido escribir sobre esto porque el otro día me encontré ante una situación así y me sentí súper mala persona porque no hice nada al respecto para no molestar. Luego llegué a casa y pensé «joder, Sara, eres una incompetente».

Y, no sé, quizás lo soy. Pero no pasa nada. O sea, ahora no quiero que nadie se encuentre en la misma disyuntiva de si ayudarme o no.

Sara.

   Fuente imagen: yourfriendzz.tumblr.com

Tengo ganas de estar en casa

 

No me supera el asustadizo violeta.

Da lo mismo. Quien me cae mal no es importante.

Me apetece una taza de té con miel. Dibujar girasoles con acuarelas, como en los libros de botánica.

Admirar una gala.

Cierro los ojos. Llevo un pijama suave y abrigado, calcetines de ositos.

Ha terminado el examen. Abrazo a mis amigos.

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Fuente imagen: https://liquidtearss.tumblr.com/ 

 

Sara.

Sobre Psicología y Películas

Me considero creativa. Me gustan todas casi todas las ramas del arte: pintura, música, baile, escritura y cine (o series, o programas de televisión y radio; todo vale). De hecho, si no estudiase Psicología me hubiese dedicado a algo artístico, como ser actriz de doblaje.

Creo que me gusta la Psicología porque me gustan las historias. Además, creo que la Psicología te enseña a darle importancia a las historias de la gente; no como cotilleos de los que se leen en las revistas del corazón, sino más bien como cuando te lees un libro y deseas que le ocurra lo mejor a tu personaje favorito. Por cierto, en esta metáfora, tu personaje favorito sería tu paciente (es por si no me he explicado bien).

He pensado mucho sobre gracias a las películas de Pixar, porque leí que una de las guionistas estaba segura de que cuando hacías sufrir al personaje y luego veías cómo se superaba a sí mismo te enamorabas de él.

No es que piense que nos atrae el sufrimiento (bueno, un poco sí, supongo), pero no en el sentido de «enamorarse» del paciente. Sino en introducirte y «engancharte» a su historia; en seguir su crecimiento como persona; en celebrar sus logros; en sufrir junto a él. En darle importancia.

De hecho, creo que el paciente se puede «enganchar» a su vez del psicólogo porque éste último le da importancia. En muchas ocasiones simplemente eso basta para que alguien comience a sentirse mejor. O a querer comenzar a sentirse mejor. O a intentar comenzar a querer sentirse mejor. O a dejar de tratar de reformular la frase para que el lector no se haga un lío.

Sara

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Fuente: andry-shango-rajoelina-prints.tumblr.com

 

Será un placer conocerte

Los viernes sacan nuevas películas en el cine. Eso es guay, ¿verdad?

Ah, y dicen que va a estar nublado. Hay pocas cosas más bonitas que un cielo teñido de grises.

Estoy escuchando a Bowie (soy millennial, ¿qué esperabas?). No me sé ninguna de sus canciones, lo cual es perfecto porque así no me desconcentro al escribir.

He encendido velas porque hoy sí pega utilizarlas.

Estoy hablando sobre cosas que me hacen feliz. Lo estoy diciendo en voz alta. ¿Por qué da tanto miedo? No es una promesa; es un comentario.

Adiós, 19.

Sara.

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“I’m looking for backing for an unauthorized auto-biography that I am writing. Hopefully, this will sell in such huge numbers that I will be able to sue myself for an extraordinary amount of money and finance the film version in which I play everybody.”

-David Bowie

Queridas lágrimas…

Ayer no me dio tiempo a decíroslo: me alegro mucho de habernos visto. Os echaba muchísimo de menos y no me había dado ni cuenta. Sólo sentía que me faltaba algo, que tenía una especie de cosquilleo en el pecho que, paradójicamente, no me invitaba a reír sino a llorar.

En un principio no os esperaba por aquí. ¿Qué os animó a venir un día tan apropiado? Estaba concentrada viendo una película cuando llamasteis a mi puerta sin avisar. Comenzasteis a contarme historias que resultaban tan conmovedoras… ¿Por qué? En ellas había recuerdos agridulces pero divertidos, nostálgicos. Me disteis la mano cuando empecé a mover una pierna nerviosa porque no sabía muy bien cómo reaccionar. Estaba muy confundida.

Me hicisteis llorar. No sé si de alegría o de tristeza. Era como una mezcla de ambas pero que se inclinaba más a la alegría. Creo que porque el hecho de estar triste me alegraba. ¿Tiene eso sentido?

Mientras sosteníais mis manos me hallaba en paz porque sabía lo que me ocurría: tenía las mejillas empapadas y los ojos hinchados. Me faltaba la respiración en ocasiones. Tenía el pelo enredado. La pierna seguía temblando.

Cuando os marchasteis me miré al espejo porque es algo que suelo hacer cuando os vais. Me veía guapa.

Sara.

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Carta de… ¿Odio?

Estimado Señor Calor:

Me caes mal. Lo siento si te he ofendido, pero alguien tenía que decírtelo ya. Quizás no eras consciente de ello, pero hay muchísima gente que te odia y no se sinceran porque no quieren que te sientas apenado. La ignorancia es la felicidad, ¿no?

Tampoco te creas ahora que para mí está siendo un buen trago; me estoy jugando tu afecto, y reconozco lo poderoso que eres. De hecho, siendo un poco inteligente, no me merece demasiado la pena ser la portavoz. Pierdo más de lo que gano, está claro que no me vas a hacer caso.

A estas alturas, ¿me puedes recordar por qué sigo con esto? Me estoy dando cuenta a medida que escribo de que es una estupidez. Si no hay nadie que me anime a continuar, no lo haré.

Aunque, entre tú y yo, me siento cómoda hablando contigo porque ya te he dicho lo que pienso de ti. He sido más honesta contigo que con muchos conocidos. No puede ir a peor. ¿Nunca te ha ocurrido que alguien te ha contado que te tiene que presentar a un amigo suyo que es genial y que te va a caer de miedo y luego lo conoces y es pesadísimo? Es más o menos lo que me pasa cuando pienso en ti todos los años.

Es una pena porque ese tipo de gente suele ser simpática, y seguro que a alguien le interesa que le cuenten cómo se pasa el hilo dental sin que le sangren las encías. Pero no a mí, ¿entiendes?

Además, ¿cómo se lo dices? No es tan fácil como contigo, Calor, porque tú no eres más que un personaje que ha creado mi cabeza para desahogarme. Eres real, por supuesto, pero no eres alguien a quien realmente pueda escribirle cartas. Ojalá lo fueras, sería una pasada hablar con alguien que conoce a todo el mundo menos a la gente del Polo Norte, Rusia y Canadá.

Me está dando rabia porque me estás empezado a caer bien, así que voy a despedirme.

Adiós.

Sara.

PD: Te odio y hay mucha más gente que te odia. No lo olvides.

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Día 30 de Abril del 2017

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Mis antepasados creían que mi cielo sería gris. Algunos días lo es pero, por lo general, exhibe un tranquilo azul claro por las mañanas y una preciosa paleta de tonalidades cálidas al caer el sol. Por la noche es azabache, espolvoreado con pequeñas motas de color plateado. Es precioso. 

Pensaban que viajaríamos en coches voladores. Queda un tiempo para que eso se logre; quizás mucho, quizás poco, pero aún no ha ocurrido. 

Decían que nuestros hogares sólo serían rascacielos. En mi ciudad, al menos, hay humildes bloques de piso de poca altura. También tenemos casas. Yo vivo en una una muy bonita. Su fachada no es de un blanco impoluto, como ellos imaginaban. De hecho, no le vendría mal una mano de pintura, ahora que lo pienso. 

Tenemos parques, ríos, playas, cascadas, árboles, flores y animales. No nos parecemos nada a la idea que se habían formado de nosotros. No nos hemos cargado el mundo, todavía.

Aunque, siendo sincera, no me gusta vivir aquí. Sería genial no habitar en esta era. «A alguien tenia que tocarle, ¿no?». Pero no es justo. Estamos atrapados. Es imposible salir de este sistema, de esta forma de vida, porque entonces te quedas solo. 

Nuestra vida no es cómoda. Tenemos robots que cocinan, persianas que se suben solas, e incluso libros sin papel. Pero no somos felices. Nuestros mayores nos riñen por ello, pues no comprenden que nuestras facilidades nos exasperen hasta tal punto. Ellos vivieron las guerras y la pobreza, ¿cómo podemos ser tan insolentes?

Pero nuestro mundo, tan «feliz y futurista» como algunos lo vendían, va demasiado rápido. Estamos saturados de información, necesitamos descansar. Todo es posible. Puedes hablar con quien quieras. Puedes hacer lo que quieras. Puedes ser guapa y perfecta. Tienes que serlo. Tienes que hablar con todo el mundo. Tienes que conseguir todo lo que te propongas. Todo es posible. Todo se conoce. Queremos que todo se conozca. 

No tienes pausas para tomar aire.

Nuestro cielo aún no ha cambiado. Pocos se darán cuenta cuando ocurra; sólo miramos hacia abajo. 

Sara.

Inspirado por: Black Mirror.