Sobre Psicología y Películas

Me considero creativa. Me gustan todas casi todas las ramas del arte: pintura, música, baile, escritura y cine (o series, o programas de televisión y radio; todo vale). De hecho, si no estudiase Psicología me hubiese dedicado a algo artístico, como ser actriz de doblaje.

Creo que me gusta la Psicología porque me gustan las historias. Además, creo que la Psicología te enseña a darle importancia a las historias de la gente; no como cotilleos de los que se leen en las revistas del corazón, sino más bien como cuando te lees un libro y deseas que le ocurra lo mejor a tu personaje favorito. Por cierto, en esta metáfora, tu personaje favorito sería tu paciente (es por si no me he explicado bien).

He pensado mucho sobre gracias a las películas de Pixar, porque leí que una de las guionistas estaba segura de que cuando hacías sufrir al personaje y luego veías cómo se superaba a sí mismo te enamorabas de él.

No es que piense que nos atrae el sufrimiento (bueno, un poco sí, supongo), pero no en el sentido de “enamorarse” del paciente. Sino en introducirte y “engancharte” a su historia; en seguir su crecimiento como persona; en celebrar sus logros; en sufrir junto a él. En darle importancia.

De hecho, creo que el paciente se puede “enganchar” a su vez del psicólogo porque éste último le da importancia. En muchas ocasiones simplemente eso basta para que alguien comience a sentirse mejor. O a querer comenzar a sentirse mejor. O a intentar comenzar a querer sentirse mejor. O a dejar de tratar de reformular la frase para que el lector no se haga un lío.

Sara

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Fuente: andry-shango-rajoelina-prints.tumblr.com

 

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Será un placer conocerte

Los viernes sacan nuevas películas en el cine. Eso es guay, ¿verdad?

Ah, y dicen que va a estar nublado. Hay pocas cosas más bonitas que un cielo teñido de grises.

Estoy escuchando a Bowie (soy millennial, ¿qué esperabas?). No me sé ninguna de sus canciones, lo cual es perfecto porque así no me desconcentro al escribir.

He encendido velas porque hoy sí pega utilizarlas.

Estoy hablando sobre cosas que me hacen feliz. Lo estoy diciendo en voz alta. ¿Por qué da tanto miedo? No es una promesa; es un comentario.

Adiós, 19.

Sara.

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“I’m looking for backing for an unauthorized auto-biography that I am writing. Hopefully, this will sell in such huge numbers that I will be able to sue myself for an extraordinary amount of money and finance the film version in which I play everybody.”

-David Bowie

Queridas lágrimas…

Ayer no me dio tiempo a decíroslo: me alegro mucho de habernos visto. Os echaba muchísimo de menos y no me había dado ni cuenta. Sólo sentía que me faltaba algo, que tenía una especie de cosquilleo en el pecho que, paradójicamente, no me invitaba a reír sino a llorar.

En un principio no os esperaba por aquí. ¿Qué os animó a venir un día tan apropiado? Estaba concentrada viendo una película cuando llamasteis a mi puerta sin avisar. Comenzasteis a contarme historias que resultaban tan conmovedoras… ¿Por qué? En ellas había recuerdos agridulces pero divertidos, nostálgicos. Me disteis la mano cuando empecé a mover una pierna nerviosa porque no sabía muy bien cómo reaccionar. Estaba muy confundida.

Me hicisteis llorar. No sé si de alegría o de tristeza. Era como una mezcla de ambas pero que se inclinaba más a la alegría. Creo que porque el hecho de estar triste me alegraba. ¿Tiene eso sentido?

Mientras sosteníais mis manos me hallaba en paz porque sabía lo que me ocurría: tenía las mejillas empapadas y los ojos hinchados. Me faltaba la respiración en ocasiones. Tenía el pelo enredado. La pierna seguía temblando.

Cuando os marchasteis me miré al espejo porque es algo que suelo hacer cuando os vais. Me veía guapa.

Sara.

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Día 30 de Abril del 2017

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Mis antepasados creían que mi cielo sería gris. Algunos días lo es pero, por lo general, exhibe un tranquilo azul claro por las mañanas y una preciosa paleta de tonalidades cálidas al caer el sol. Por la noche es azabache, espolvoreado con pequeñas motas de color plateado. Es precioso. 

Pensaban que viajaríamos en coches voladores. Queda un tiempo para que eso se logre; quizás mucho, quizás poco, pero aún no ha ocurrido. 

Decían que nuestros hogares sólo serían rascacielos. En mi ciudad, al menos, hay humildes bloques de piso de poca altura. También tenemos casas. Yo vivo en una una muy bonita. Su fachada no es de un blanco impoluto, como ellos imaginaban. De hecho, no le vendría mal una mano de pintura, ahora que lo pienso. 

Tenemos parques, ríos, playas, cascadas, árboles, flores y animales. No nos parecemos nada a la idea que se habían formado de nosotros. No nos hemos cargado el mundo, todavía.

Aunque, siendo sincera, no me gusta vivir aquí. Sería genial no habitar en esta era. “A alguien tenia que tocarle, ¿no?”. Pero no es justo. Estamos atrapados. Es imposible salir de este sistema, de esta forma de vida, porque entonces te quedas solo. 

Nuestra vida no es cómoda. Tenemos robots que cocinan, persianas que se suben solas, e incluso libros sin papel. Pero no somos felices. Nuestros mayores nos riñen por ello, pues no comprenden que nuestras facilidades nos exasperen hasta tal punto. Ellos vivieron las guerras y la pobreza, ¿cómo podemos ser tan insolentes?

Pero nuestro mundo, tan “feliz y futurista” como algunos lo vendían, va demasiado rápido. Estamos saturados de información, necesitamos descansar. Todo es posible. Puedes hablar con quien quieras. Puedes hacer lo que quieras. Puedes ser guapa y perfecta. Tienes que serlo. Tienes que hablar con todo el mundo. Tienes que conseguir todo lo que te propongas. Todo es posible. Todo se conoce. Queremos que todo se conozca. 

No tienes pausas para tomar aire.

Nuestro cielo aún no ha cambiado. Pocos se darán cuenta cuando ocurra; sólo miramos hacia abajo. 

Sara.

Inspirado por: Black Mirror.

Esto no es perfecto.

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Me gusta que las cosas salgan perfectas. Disfruto cuando todo sale sobre ruedas, cuando no hay obstáculos, ni problemas. Me siento muy tranquila al ver que el resultado es justamente el esperado o aún mejor, si es posible.

En mi mundo ideal, toda la ropa del mundo estaría perfetamente ordenada en pilas según las gamas de colores, tipos de prenda y materiales, incluso en rebajas. Las baldosas de la calle no tendrían manchas grises y circulares que antes fueron chicles, ni salpicarían agua cuando las pisas tras un día de lluvia. Los letreros de todas las tiendas serían de un corte sencillo y vintageno de esos cutres e industriales que rezan Aluminios Manolo en la fuente Comic Sans. Habría muchas más papelerías, repletas de bolígrafos, cuadernos y rotuladores de colores perfectamente colocados en sus respectivos mostradores. Todo orden. Todo limpieza.

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Te doy la razón si piensas que tengo mente de psicópata, porque yo lo pensaría si no me conociese desde hace tanto tiempo. Tranquilo, no te voy a guardar rencor ni nada parecido; lo haré sólo si descubriese que eres de esos que dicen mal los imperativos. Ahí sí que tendríamos un problema gordo.

Lo peor de perseguir esta utopía es que nunca te deja descansar. Siempre hay algo que podría haber quedado mejor. Y ahora me lo tomo a broma porque se está dando el caso, pero lo cierto es que las personas que tendemos al perfeccionismo solemos fastidiarnos a nosotros mismos casi todo.

Recuerdo cuando hace unos años  mis padres me dejaron al fin (cito textualemente) perforarme la oreja de manera irreversible; que sepas que eso seguirá cuando seas vieja. Acabé con tres pendientes en la izquierda, como siempre había querido. Estaba muy contenta con el resultado porque, por fin, había conseguido quitarme el miedo que me daba hacerlo. El problema llegó cuando me miré al espejo y comprobé, pobre de mí, que entre ellos no había la misma distancia. Entonces me entró el pánico.

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Sí. Lo sé: first world problems y todo eso.

Resulta ridículo, y lo reconozco. De hecho, es adonde quería llegar: es irrisorio. Te comes la cabeza por una cosa tan absurda como esa, en vez de alegrarte por haber superado un miedo o por haber hecho algo sin la aprobación de los demás.

Desde luego, el perfeccionismo busca resultados perfectos. No obstante, la construcción del término perfecto que hacemos algunos (concretamente, yo) es bastante tóxica. Quizás es que hay que encontrar una definición más, no sé… ¿perfecta?

Sara.

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Quizás tú me entiendas

Te pongo rápidamente en situación. Esta va a ser una entrada corta.

Llega un buen libro a tus manos. Hasta que no vas por la mitad no sabes lo especial que es para ti, claro. Los personajes evolucionan lentamente, es una historia que te obliga a ser paciente. Y tú lo eres. Oh, por supuesto que lo eres… Como que esperas trescientas páginas hasta que viene lo alucinante. Continue reading “Quizás tú me entiendas”