Bailar durante la tormenta (2)

Lunes, 17 de septiembre de 2018, 0:14

Hoy ha acabado siendo un día guay.

Estoy alternando mi mirada entre la pantalla de mi móvil y las estrellas.

Me he tumbado a ver el cielo, aunque apenas se aprecian las estrellas.

Me entra la risa floja. No tengo sueño.

giphy (1)

Anuncios

Bailar durante la tormenta

Domingo, 16 de Septiembre de 2018, 16:41

Acurrucada en mi cama, abrazo a un cerdito de peluche.

Prácticamente no entra luz por la ventana porque he bajado las persianas.

Es aún temprano y deseo que fuesen más de las siete.

Cuando anochece comienza mi día.

No estoy cansada cuando he de dormir.

Los auriculares me susurran canciones de folk británico que hablan de mis sentimientos.

Cierro los ojos y trato de no imaginar. Entonces es cuando sueño sin pensarlo.

Mis pensamientos nadan libremente por mi cabeza y me encuentro a mí misma recordando escenas cotidianas.

Me choco de bruces con mi tranquilidad escondida.

giphy.gif
Fuente: giphy.com

Si conoces mi alegría

No estoy enfadada contigo. En ningún momento he llegado a pensar que tú tienes la culpa de haberme conocido en una etapa tan oscura. Aquella no era yo.

Mi corazón sonríe a menudo.

Se ilusiona por tomar café caliente. Siente felicidad al trenzarse el cabello y colorear sus labios de rojo. Es alegre e inocente. Tiene aspiraciones. Sueña despierto sobre bailar en teatros.

Cuando tiene un problema no sabe cómo llorar y pide ayuda a su familia. Le gustan los días de frío y lluvia porque se siente refugiado bajo una manta de lana. Disfruta la nostalgia. Es serio en ocasiones, sobre todo cuando se encuentra inseguro. Le gusta que le abracen con cariño.

No es parecido a aquel corazón de entonces.

Ojalá conocieras mi alegría. Quizás te enamorarías de ella.

Sara.

columpio
Fuente imagen: marloesdevries.tumblr.com

Primavera

A veces me da vergüenza ser sincera porque no quiero que piensen mal de mí. Me dan miedo los pensamientos que afloran en mi cabeza sin parar; tengo pánico a que comience en mi mente una primavera llena de rosas espinadas por lamentos del pasado y margaritas indecisas con pétalos infinitos (sí, no, sí, no…).
Aunque, al fin y al cabo, los pensamientos son solo flores. Las estaciones se pasan y las rosas y las margaritas se marchitan. O se arrancan.

Yo las recojo y formo con ellas ramos preciosos.

Sara.

giphy (1).gif
Fuente imagen: giphy.com

 

El timo de Delfos

 

 Unas putas cadenas.

Se retuercen por todo tu cuerpo. Arañan tus costillas. Se enrollan alrededor de tus muñecas, cuello y tobillos.

El cielo se vuelve naranja oscuro y comienza a escupir rayos y truenos.

Putas. Putas. Putas. ¿Por qué lo dijiste, Sara?

tumblr_p4nbd2e3qQ1qhrm3lo1_540

Fuente imagen:  vhspositive.tumblr.com

 

Sara.

He aquí la cuestión…

Realmente, no sé en qué situaciones hay que intervenir. A veces he visto a alguien en apuros y me he quedado mirando desde la distancia, como un estúpido pasmarote. Mi cerebro no ha parado de debatirse entre el ayudo/no ayudo. Es raro. Porque si no haces nada te sientes como una mala persona, como alguien demasiado vergonzoso o inútil para prestar auxilio. Pero si prestas ayuda puedes molestar a quien está mal, y específicamente es esa persona quien te interesa que se encuentre mejor, ¿no?

A mí me ha pasado muchas veces, que me ha dado una bajada de tensión y me he tenido que tumbar en el suelo. Entonces ha empezado a venir gente y más gente ofreciéndose a comprar una botella de agua. En serio, todo el mundo quiere darte agua cuando estás mal, y eso está genial porque es un placebo muy efectivo, y te hace sentir cuidado.

Lo que ocurre es que cuando una multitud se aglomera y no para de preguntar puedes sentirte agobiado, porque tú te estás muriendo y te ves obligado a decir “no, me encuentro mejor”. Una leche. Te sientes fatal y sólo quieres cerrar los ojos y desaparecer.

Se me había ocurrido escribir sobre esto porque el otro día me encontré ante una situación así y me sentí súper mala persona porque no hice nada al respecto para no molestar. Luego llegué a casa y pensé “joder, Sara, eres una incompetente”.

Y, no sé, quizás lo soy. Pero no pasa nada. O sea, ahora no quiero que nadie se encuentre en la misma disyuntiva de si ayudarme o no.

Sara.

   Fuente imagen: yourfriendzz.tumblr.com

Algo es algo

James y Gwen conversan sentados en el césped de los jardines de los alrededores de su facultad. Han decidido saltarse la clase. Todavía es pronto y no ha salido del todo el sol, así que hace un poco de frío. Ambos admiran las tonalidades cálidas del cielo, un tanto irónicas respecto al clima. Toda la actividad se concentra en las aulas; en el jardín reina un silencio sereno, únicamente acompañado por la suave melodía de los gorriones. De vez en cuando observan algún coche correteando por el campus, recordándoles que realmente no se encuentran solos.

JAMES:

Ayer vi la película que me dijiste.

GWEN:

¿Cuál? 

JAMES:

“Las canciones de nuestra vida”.

GWEN:

Sabes que no iba en serio, ¿verdad?

JAMES:

Ah. Pues me ha parecido un poco ridícula. Pero las canciones eran pegadizas. Me gustó la de la del piano. 

GWEN:

Creo que todas tienen piano. 

JAMES:

Era la de “na, na, na, na…”

Tararea una melodía sin sentido.

GWEN: 

¡Me estás mintiendo! ¡No has visto esa película! ¡Esa canción no existe!

JAMES: 

Lo raro es que no te hayas dado cuenta hasta ahora…

Gwen se muerde el labio inferior, evitando una carcajada. Él apoya la espalda en la hierba y cierra los ojos. Suspira, relajado.

JAMES:

Bueno, entonces ya sabes que puedes recomendarme cualquier película. No la voy a ver, pero te hago el favor de escucharte.

GWEN: 

“El favor”, claro… Sería un detalle precioso. Se me ha ocurrido que podrías ver la segunda parte de “¿Pillas la ironía?”.